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Verano en Salta, Linda por naturaleza
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Verano en Salta, Linda por naturaleza

Viajar es emoción, aventura, descubrimiento, placer y en Salta se suma la calidez y hospitalidad de su gente que comparte historias, leyendas y amor por su tierra y sus vinos. Llegar por la provincia por vía terrestre produce asombro; por vía aérea se sobrevuelan campos, espejos de agua y en el suave descenso las ondulaciones verdes de los cerros. La puerta está abierta, todos se enamoran de la más linda.

 

El verano en Salta es la época de paseos al sol y de disfrutar de los ríos y los espejos de agua. La belleza de la provincia argentina conocida como “La Linda” asombra por su heterogeneidad geográfica y su enorme diversidad de paisajes, su fuerte tradición y su legado cultural.

Fundada en 1582, Salta conserva aún buena parte de su carácter hispánico, un distintivo que la hace única entre las capitales argentinas. Casas e iglesias de estilo colonial deslumbran en los alrededores de la plaza principal, con el maravilloso marco de los cerros circundantes. Orgullosa de sus riquezas y tradiciones (sus peñas son diversión asegurada), amable y hospitalaria, esta provincia ofrece al visitante una gran variedad de entretenimientos y eventos culturales. Cosmopolita todo el año, la ciudad de Salta capital, ubicada en la parte alta del valle de Lerma, atrae por su historia.

Entre las construcciones edilicias que reflejan el pasado colonial español descubrimos excelentes ejemplares de arquitectura civil, eclesiástica y privada. El monumental convento de San Francisco, con sus muros color terracota; el convento de San Bernardo; la magnífica Catedral Basílica con su altar ornamentado por elementos laminados en oro y el cabildo pertenecen a diferentes periodos arquitectónicos y sociales a través de los cuales se fue conformando el perfil urbano de la ciudad actual.

AUTÉNTICA Y ECLÉCTICA
La región turística del Valle de Lerma regala un notable conjunto de atractivos, integrados por singulares localidades que se destacan por la fuerte presencia de una arquitectura popular conservada por siglos y por el permanente entorno de montañas y vegetación.

La presencia del poblador nativo, fiel a sus costumbres, como así también la vigencia del gaucho invitan al turista a indagar en sus tradiciones.

Infinidad de turistas –nacionales e internacionales– que la recorren año tras año descubren atracciones turísticas en los alrededores de la capital. Destinos cercanos como San Lorenzo, Vaqueros y La Caldera se destacan por sus paisajes y las actividades que proponen; San Lorenzo y su reserva de las yungas donde el trekking, senderismo y running pueden realizarse en un paisaje verde inigualable; aladeltismo es otra opción para quienes deseen ver Salta desde una perspectiva distinta. Esta hermosa Villa veraniega cuenta con interesantes museos como el de Güemes.

Por su parte, La Caldera y su imponente enclave cruzando el río La Caldera que nos lleva a un pueblo custodiado por el conocido Cristo Penitente de 22 m de altura; conserva sus costumbres gauchas y que comparte en ferias los fines de semana. A 5 km, el Dique Campo Alegre en el que según la época pueden realizarse deportes náuticos, pesca deportiva, trekking y cabalgatas. Mientras que a 12 km de la ciudad, Vaqueros y su verde paisaje y el río Wierna que lo atraviesa y que es un lugar que las familias eligen para picnics, invita a caminatas, cabalgatas y los fines de semana se puede disfrutar el mercado vaquereño en el que también se pueden adquirir hortalizas y degustar platos regionales.

Sin lugar a dudas, Coronel Moldes es otra parada obligada. Es la puerta al Dique Cabra Corral donde los deportes náuticos como el rafting en el río Juramento; la pesca desde la orilla o en catamarán se disfruta en familia. Desde el puente de este importante dique salteño a 65 km de la ciudad de Salta la diversión está asegurada.

VALLES CALCHAQUÍES: COLORIDOS ESCENARIOS
La “Vuelta a los Valles” es un viaje inolvidable, casi mágico, a través de una región forjada por una turbulenta historia preincaica y colonial cuyas huellas aún persisten como heroicas señales de un pasado de lucha y resistencia. Se aprecia aquí una peculiar geografía tallada por los vientos y el sol, sorprendentes formaciones rocosas de quebradas y cerros multicolores que resguardan pueblos de adobe y paja y que invitan al viajero a iniciar una incursión para conocer las costumbres de tiempos remotos.

Es un tradicional circuito turístico que ofrece imponderables atractivos, tanto por su historia y paisajes como por su gente y también la arquitectura de los pueblos.

Una serie de caprichos naturales como la Gotera, Cueva del Gigante, Cerro Colorado y la Cuesta del Obispo con sus valles de altura, como Valle Encantado y Piedra del Molino, donde se erige un monolito a 3.600 m.s.n.m. son tesoros naturales.

Luego de atravesar Payogasta con sus reservas arqueológicas se ingresa a Cachi -por RN N 40-, declarada de interés histórico debido a las construcciones coloniales que pertenecieron a los personajes más ilustres de la provincia, como así también por la gran cantidad de reservas arqueológicas. ¡Ideal para realizar safaris fotográficos y captar las más bellas postales!

Siguiendo por la misma ruta hay una serie de pueblos que no deben dejar de visitarse, por ejemplo Seclantás, con su viejo cementerio que data aproximadamente de 1819; Molinos, cuna del poncho salteño; Angastaco, que posee viejas bodegas artesanales; San Carlos, la tierra de los artesanos; Animaná y Cafayate con su importante producción vitivinícola.

TREN A LAS NUBES: ALTO EN EL CIELO
Siendo uno de los tres ferrocarriles más altos del mundo –apenas dos lo superan–, ninguno puede comparársele en belleza ni en prodigios técnicos. Viajar en este tren significa intimar no solo con la magnificencia del paisaje, sino también adentrarse en una de las mayores realizaciones ferroviarias de la primera mitad de este siglo. Resulta casi increíble que los hombres de ese tiempo hayan sido capaces de construir una vía férrea en ese sitio de escarpadas montañas y abismales cañadas.

Colgado de vertiginosas montañas, marcha entre las nubes para cruzar los Andes. Llega al Viaducto La Polvorilla (a casi 4.200 m.s.n.m.), fin de su recorrido con un total de 217 km. Realiza dos paradas: San Antonio de los Cobres, pueblo típico de la zona, y otra en el Viaducto antes mencionado.

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