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Dolarización y «dolorización»: entre el riesgo y la oportunidad
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Dolarización y «dolorización»: entre el riesgo y la oportunidad

Por Carlos Fiorani (*)

Desde que se publicó el Decreto de Necesidad y Urgencia 70/2023, pude participar como expositor y como invitado en una serie de seminarios, eventos e interacciones con empresarios de diversos sectores de nuestra economía. Muchos de esos encuentros tenían un espacio para preguntas y respuestas sobre su impacto y su porvenir. Mientras tanto, hizo un paso desafortunado por el Congreso el proyecto conocido como Ley Ómnibus y se volvió a instalar la discusión en torno a una eventual dolarización.

Esto abrió nuevos interrogantes en la comunidad empresarial. Me encontré, no muy sorprendido, con que todos seguían un patrón común: gran parte de las preguntas se centraban en saber qué peligros traían los cambios. Se preguntaban qué riesgos se corrían o qué impacto negativo debían prevenir o anticipar.

Todo cambio normativo produce una reacción instintiva y frecuente: el temor por el cambio del status quo. Y más en nuestro país, en donde el refrán «el que se quema con leche ve una vaca y llora” es casi un mantra con el que mirar a cualquier medida de gobierno. Es por esto que la primera sensación del empresario es temer una “dolorización”.

Sin embargo, me gustaría proponer otro enfoque. El de pensar al DNU, a las ideas que atravesaban a la Ley Ómnibus o a un eventual cambio de moneda como catalizadores que permiten replantear la mirada con la que las empresas toman decisiones y modelan su futuro. Las nuevas normativas plantean nuevos marcos de acción y pueden convocarnos a una revisión profunda de cómo tomamos decisiones y dentro de qué modelos mentales y marco de cultura empresarial y social.

Carlos Fiorani

En la tradicional dicotomía entre riesgo y oportunidad, nuevas leyes y contextos pueden introducirnos a escenarios en los que es posible profesionalizar nuestras decisiones incorporando un enfoque más creativo, donde se privilegie la oportunidad y la innovación en la dirección empresarial.

El comportamiento conservador de quien ve primero el problema es comprensible y uno debe acompañarlo con empatía. Pero para crecer es esencial transformar la perspectiva y ver qué hay en estos cambios como palanca para la expansión de nuestros negocios. Ver más allá del primer impacto crítico y comprender cómo estas nuevas reglas de juego pueden ser un impulso hacia horizontes de negocios más amplios y diversos.

En este contexto es vital quitar de nuestra perspectiva el simple pensamiento binario. Pararse solo en la dualidad de si el DNU no se va a aprobar, si habrá o no en el futuro cambios como los que proponía la Ley Ómnibus o si el dólar será o no la moneda de curso legal, obstruye matices que al tomar decisiones son centrales para tener una estrategia más clara y efectiva.

En el medio de este interruptor SÍ/NO hay varios escenarios posibles. Se pueden aprobar partes del DNU. Se puede aprobar en su totalidad y tener impugnaciones judiciales por inconstitucionalidad. Se pueden presentar leyes parciales en lugar de la Ley Ómnibus o una competencia de monedas en lugar de una dolarización rígida. Eso, por nombrar algunos. El diablo está en los detalles y, con una visión heterogénea y matizada de qué escenarios son posibles, podremos hacer una especulación educada empresarial más astuta.

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Toda nueva norma o eliminación de las antiguas no solo presenta retos. Presenta muchos más caminos inexplorados y oportunidades de crecimiento. Por ejemplo, la reforma del Código Civil abre nuevas posibilidades en el diseño original de contratos con mayor protección frente la intromisión judicial. Esto ilustra cómo las organizaciones pueden aprovechar estos cambios para fortalecer o mejorar su posición de mercado creando ventajas competitivas ingeniosas y disruptivas.

Una decisión profesional debe abordar estos cambios con una mentalidad proactiva e identificar cómo pueden ser plataformas para la renovación o reinvención del negocio. Por poner dos ejemplos, un despachante de aduana puede reorientar su enfoque hacia una mejor atención al cliente, y un abogado puede especializarse en la creación de contratos más audaces y en casos más complejos. Lo que se pierde en protección se gana en transformación.

El DNU, la Ley Ómnibus o la dolarización son una invitación a repensar cómo dirigimos nuestras empresas y tomamos decisiones. Un líder empresario y su equipo directivo tienen la responsabilidad de mirar tanto el problema como la oportunidad que presentan. En última instancia, adaptarse y capitalizar posibilidades podría ser lo que haga la diferencia entre el florecimiento y la obsolescencia en un entorno empresarial dinámico y más competitivo. La habilidad para interpretar más sus ventajas que sus riesgos, y decidir en consecuencia, es determinante para el presente y el futuro de nuestras empresas en el tejido económico de nuestro país.

(*) Consultor de empresas y dueños. Abogado y MBA

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