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La “mano invisible” cumple 300 años
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La “mano invisible” cumple 300 años

Por Silvio Santamarina

Durante 2023, el mundo celebra un aniversario que, salvo mínimas excepciones, pasa desapercibido en la Argentina. El 17 de julio se cumplieron 300 años del nacimiento de Adam Smith, archiconocido como el “padre de la economía” y creador de la metáfora de la “mano invisible” que supuestamente explica la conducta de los mercados.

Por supuesto que, en el ámbito anglosajón, universidades e instituciones culturales y científicas revisan su legado, e incluso la Universidad de Nagasaki le ha dedicado una muestra conmemorativa para que los japoneses puedan evocar vida y obra del protoeconomista escocés. También en América Latina hay festejos revisionistas, en centros académicos y medios de México, Colombia y Chile.

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Pero no en la Argentina, lo cual es llamativo, dado el aparente auge del liberalismo, neoliberalismo y libertarianismo que tiñe las encuestas, formatea el debate electoral y hasta influye en la integración de las boletas, no importa de qué partido. Es interesante ver qué oportunidad de reflexionar nos perdemos por olvidarnos de soplar las velitas en memoria del más célebre de los Mr. Smith.

Sin ir más lejos, hasta una figura muy cercana a la cotidianeidad de la economía argentina, la Subdirectora Gerente del FMI, Gita Gopinath, dejó de lado, por un rato, las conversaciones laberínticas con Sergio Massa, y viajó a la Universidad de Glasgow –donde estudió el prócer- para dar un discurso conmemorativo sobre la obra de Adam Smith.

La tesis de Gita es que, así como la Revolución Industrial que estallaba en tiempos de Smith se pudo pensar gracias a su tratado “Una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones”, la revolución digital actual precisa de una mente a su altura, o al menos la revisión del estado de la economía actual a la luz de los conceptos claves del pensador más famoso de la llamada Ilustración Escocesa.

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Más precisamente, la joven funcionaria del FMI, comparó la “mano invisible” de la que hablaba Smith con otra mano ambigua, ordenadora pero también amenazante, que hoy es la Inteligencia Artificial. Potenciadora de mayor productividad, pero también aniquiladora de profesiones y empleos, la mano fantasmal del Gran Algoritmo capitalista remite a los debates calientes del siglo XVIII que desvelaban al estudiosísimo Adam: la división del trabajo, los monopolios, la riqueza creciente, la desigualdad y la regulación estatal.

Aunque la mismísima Margaret Thatcher decía llevar siempre un ejemplar “La Riqueza de las Naciones” en la cartera, el revisionismo del legado de Smith señala varios malentendidos. Tanto es así que, hace más de un siglo la academia germánica bautizó el estudio de sus textos completos como “Das Adam Smith Problem”.

Aquella problemática, que en las mesas redondas por el aniversario 300 del autor escocés volvió a ponerse de moda, contrasta la presunta oda al egoísmo que sería “La Riqueza…” con otro libro de Smith, verdadero best-seller que le dio fama y dinero en vida, titulado “Teoría de los Sentimientos Morales”. En esas páginas, Adam Smith parece contradecirse, poniendo como eje de la sociedad la característica humana fundamental, que él llama “empatía”.

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Los actuales fans de Smith aseguran que no hay tal contradicción, porque lo que el autor nombra como “self-interest” no debe entenderse como egoísmo antisocial y puramente materialista, y encajaría perfectamente con la “empatía”, ese instinto humano de reflejarse en los demás, tendencia que hoy las neurociencias encuentran en las “neuronas espejo”.

Inspector aduanero y enemigo de los monopolios, Smith sigue desafiando las etiquetas a izquierda y derecha. Y aunque su obra parece superada por la economía de modelos matemáticos, hay preguntas que siguen abiertas, como: ¿cuánto Estado será suficiente para una sociedad justa? Ni ChatGPT lo sabe.

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