Leyendo:
“Espabila, Favila, que viene el oso”: una advertencia para los votantes argentinos
Artículo Completo 7 minutos de lectura

“Espabila, Favila, que viene el oso”: una advertencia para los votantes argentinos

Por Horacio Minotti (*)

Favila fue el heredero de Don Pelayo y gobernó el reino de Asturias solamente dos años, hasta el 739 d.C. Perdió su corona a manos de un oso que, según la leyenda, literalmente se lo comió y se fue a hacer una siesta. Desde entonces, en esa región, cuando quieren que alguien preste atención a un riesgo inminente, utilizan la frase del título.

Bien valdría un asturiano en estos lares, pidiéndonos un poco de atención, porque los osos proliferan y la distracción es siempre peligrosa. Es que nos encontramos en medio de un intríngulis político y económico que va a terminar marcando una bisagra en la historia, un antes y un después, y en dichas circunstancias, es conveniente estar un poco más alerta que el promedio.

Cunden por ahí los grupos que cumplen el rol de “agrandadores de Javier Milei”. Nadie está seguro de si se trata de una o varias sociedades secretas con conveniencias distintas. Pensar que encuestadores, entrevistadores, kirchneristas, farmacéuticos y jugadores de Scrabble mantienen un fin común sería un tanto pretencioso en materia de conspiranoia. Pero bien podrían conformar dicha secta para obtener beneficios diferentes, siguiendo la misma despeinada e iracunda ruta.

Delirio, inoperancia, corrupción e impunidad: algo está muy podrido en la Argentina

De hecho, y hace días, el kirchnerismo viene sorprendiendo, tratando junto a otros sectores de subir a Milei al ring. Incluso, la Vicepresidenta de la Nación y principal referente del partido de gobierno dedicó buena parte de su alocución en el Teatro Argentino de La Plata, a confrontar al controvertido economista.

Si bien muchos analizan que busca recuperar el voto de los sectores más postergados -que según cientos encuestadores, han pasado de Cristina, al mentado propietario de mastines-, siempre es conveniente mirar un poquito más allá.

Cristina no va a ser candidata, y no le importa mucho el destino de Daniel Scioli, ni el de Agustín Rossi. Tal vez le meta un poco de esfuerzo a una eventual postulación de Eduardo De Pedro, y el resto que se arregle. Lo que es evidente, es que una estrategia mucho más productiva es colocar a Milei como “el enemigo”. Esto reforzaría la idea del elector menos comprometido con ningún espacio político, pero claramente opositor, de que “Milei es lo peor que le puede pasar a Cristina”, y acarrea votos a la mochila del libetario.

¿Por qué el peronismo buscaría tal cosa? Por varias razones. Una de ellas es reforzar una batalla electoral de tercios. A medida que Milei crece a costa de Juntos, el reducido caudal de votos del oficialismo es competitivo. Si logra su efecto, impide que la principal oposición se imponga en primera vuelta, por ejemplo. Digamos a modo de trazado de escenarios: no es los mismo que Juntos consiga 40%, el peronismo 30% y Milei 20%, que un diseño donde todos tengan 30% y cualquiera se pueda subir a una segunda vuelta por un 1% de los votos. Eso le da chances al PJ de jugar hasta el final.

Pero la razón más sólida, es la consolidación del peronismo como oposición y la posibilidad de bombardear al futuro gobierno. En la hipótesis de que Milei fuese electo presidente, las posibilidades de gobernar son nulas. Todos comprenderíamos, si nos detuviésemos un instante, que las radicalizadas reformas que propone, deberán pasar por el Congreso, y allí, incluso haciendo una gran elección, no tendría más que 20 diputados nacionales y seguramente ningún senador. Sería total y completamente inviable.

Javier Milei: «En segunda vuelta le ganamos a todos»

Por otro lado, las reformas impositivas que postula el hombre de fiera mirada, así como las que hacen a la reformulación y achicamiento del estado, requieren ciertos acuerdos con los gobernadores, porque es sabido que estamos en un país con algún tinte federal, y buena parte del gasto público de lo que llamamos genéricamente “el Estado” proviene de provincias y municipios. Si no hay una reforma en dichas provincias, no hay reforma. Y Milei, claro, sería un presidente sin ningún gobernador de su espacio.

Contrario imperio, si ganase Juntos, el peronismo tiene varios problemas: 1) Mauricio Macri ya terminó un gobierno, el único no peronista desde la recuperación democrática que llegó a término, con lo cual, demostró que no es fácil de voltear; 2) Juntos tendría la primera minoría en ambas Cámaras del Congreso y podría sancionar las normas que necesita para gobernar; y 3) hoy Juntos tiene 4 gobernadores (contando la CABA) y probablemente luego de las elecciones tenga entre 2 y 3 más, es decir, un tercio del total de mandatarios provinciales.

En definitiva, el efecto buscado, es que los argentinos caigamos en la trampa del eterno loop al que nos sometemos con regularidad. Llegamos a los procesos electorales enfurecidos por la situación y decidimos el voto presos de la ira, lo que induce a inclinarnos por opciones de las que luego nos arrepentimos.

Sin ir más lejos, mucho votante no peronista que bebió el brebaje mediático que lo llevó a pensar que Alberto Fernández era un moderado y un estadista, íntimamente, se autoflagela todas las noches y ha decidido arrodillarse sobre arroz al menos una vez al día. Y si no lo hacen, deberían.

Dicho loop entonces, consiste en lo siguiente: el peronismo termina su gobierno desastrosamente, asume un gobierno de otro signo que por falta de coraje para hacer las reformas o carencia de poder político real (sería el caso de Milei), fracasa. La tercera etapa es la vuelta rápida del peronismo, por la razón (el voto, Alberto) o por la fuerza (un golpe, Eduardo Duhalde), un retorno para “salvar a la patria”, en este caso “de la derecha de melena sauvage”.

Asume Cristina

Si algo tiene empíricamente comprobado el kirchnerismo es la proclividad argentina a vivir en el Día de la Marmota, y trata de utilizarla en su provecho, como siempre ha hecho.

También sabe que todavía no existe cultura política sobre las PASO. Y que los electores las usan para testimoniar su enojo y no para elegir los candidatos que disputarán la presidencia en nombre de cada espacio, que es su finalidad real.

Ese “voto iracundia” en primarias luego condiciona la elección general. Ocurrió en 2019 y a Cristina-Alberto les alcanzó para ganar. Fue tan aplastante la victoria en las PASO, que la meteórica recuperación de Macri en la general no alcanzó.

Ya es tiempo de buscar una mayor madurez cívica, votar espabilados, para no terminar siempre en el aparato digestivo del mismo oso y, claro, siguiendo el sinuoso camino y el destino final de todo aquello que digiere dicho mamífero. El enojo es inevitable, pero es sustancial para construir un futuro manejar una “ira razonada” y sufragar con criterio estratégico, pensando en opciones que puedan construir un mañana, también con criterios disruptivos y de cambio profundo y corajudo, pero sin dejarnos inducir por la estrategia peronista.

(*) Periodista y abogado

Ingresa las palabras claves y pulsa enter.