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El caso Rinaldi, el progresismo estalinista y las «prostitutas» del poder K
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El caso Rinaldi, el progresismo estalinista y las «prostitutas» del poder K

La discusión pública en Argentina está llena de idioteces. Esta semana el nivel de imbecilidades ha crecido hasta el infinito por el episodio de Franco Rinaldi y sus chistes políticamente incorrectos.

Los ciudadanos son libres de reaccionar a las manifestaciones que Rinaldi hacía otrora en tono humorístico del modo que les plazca. Dado que son manifestaciones que se hicieron cuando no era político, y dado que ahora es candidato, hay oportunidad para manifestarse votándolo o no votándolo. Simple y claro.

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Máxime cuando Rinaldi fue a un canal de televisión y explicó que era un registro humorístico y se disculpó.

Rinaldi tiene derecho a decir lo que se le dé la gana y la gente tiene derecho a votarlo o no votarlo. Este sería el funcionamiento normal. El disparate empieza cuando al discurso prendevelas se le suma el pedido de censura.

Gente que pone cara de angustiada y pide que no sea candidato. Estalinistas de plastilina que sienten que la propia opinión bobalicona está por encima de la voluntad popular, que en pocos días tendrá la posibilidad de expedirse acerca de Rinaldi y todos los demás candidatos. Todas las opiniones sobre el hecho son bienvenidas, todos los intentos cancelatorios deben ser combatidos.

La ira de las lideresas

El discurso progre en Argentina fue completamente sumiso frente a todas las animaladas kirchneristas. Los que ahora ponen cara de escandalizados son los que hicieron silencio frente a las operaciones de descrédito de los K a la figura de Nisman cuando ocurrió el asesinato del fiscal. También se mantuvieron en silencio cuando el poder asesinaba gente durante la pandemia (cuando varios de nosotros, incluido Rinaldi, firmábamos una carta que se dio a conocer con el término Infectadura, donde denunciábamos los ataques a la vida y la libertad). Podría dar miles de ejemplos acerca de esos silencios cómplices.

El “progre” argentino es una prostituta del kirchnerismo que hace silencio frente a hechos atroces y clama por censura por los chistes de los que siempre enfrentaron a los K.

La lista de miserabilidades morales y políticas de algunos que se escandalizan ahora por las bromas de Rinaldi es enorme. Su doble vara, también. La sobreactuación de los políticos en este caso también da para reflexionar: en la Argentina hay una catástrofe social y económica y, aun así, hay políticos que se dedican a mostrarse indignados y pedir censura. Cobran sueldos para arrogarse el derecho a pedir medidas contra chistes.

Viven en el país de los Emerenciano Sena, las Milagro Sala y los Insfrán. En el país del 40% de pobres y 140 % de inflación. En el país donde la inseguridad se cobra cada vez más vidas. Mientras, en la Argentina está instalado un poder mafioso que Massa trabaja para consolidar. Los que posan de progres viven en una nube de gases.

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El dato interesante es que la decadencia del relato K está poniendo en crisis a las posturas progres que siempre se manejaron con la impunidad del ofendido. No son más impunes porque hartaron a mucha gente que antes dejaba pasar algunas cosas y que, ahora, está muy activa para enfrentar a estos presuntos defensores de la moral, que lo único que demuestran con nitidez es su hipocresía.

La hegemonía discursiva está cambiando en la Argentina porque la supremacía del discurso woke y progre no logró ninguna mejora en una sociedad exhausta de escuchar idioteces, y en la cual lo único que hace el poder es instalar discursos falsos.

La libertad de expresión es fundamental y hay que defenderla más que nunca cuando detrás de la corrección política hay intereses políticos. El kirchnerismo intentó someter a todo el que pensaba distinto y esa metodología impregnó el discurso de parte de la oposición. Hay que pelear contra el sometimiento y rebelarse.

 

El cambio en la Argentina debe ser político y también cultural. Los intereses políticos y sindicales hacen que la gente no sepa siquiera si puede tomar un medio de transporte o no para ir a trabajar. El gobierno actual mezcla, como siempre, lo partidario con lo estatal. Inauguran una parte de un gasoducto y le ponen de nombre “Néstor Kirchner”, mientras la pobreza y la inseguridad hacen que los que menos tienen sufran y teman por su futuro. La clase media ve como sus hijos se van del país por la hostilidad de la Argentina, mientras el presidente va a foros internacionales a defender a la dictadura venezolana que proscribe a los candidatos opositores. Sería deseable que toda la oposición entendiese la gravedad de la situación y que no fuesen funcionales a los K dedicando su tiempo a hablar de chistes viejos de candidatos.

 

 

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