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Vuelve Lula; Cristina ya volvió y fue un desastre
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Vuelve Lula; Cristina ya volvió y fue un desastre

El regreso de Lula Da Silva al poder en Brasil, sin dudas es una resurrección política histórica, pero por varios motivos no repite las circunstancias de sus dos primeros mandatos, ni es sencillo que pudiera repetir su gesta. Cambió Brasil y cambió el mundo.

Como en otros países de América Latina se repite un patrón post Covid: pierde el oficialismo. Y en el caso de Brasil, la derrota fue por mucho menos de lo que anticiparon las encuestas, un dato que termina fortaleciendo a los derrotados que, además, mantienen un poder muy importante en el Congreso y en varios estados.

El bolsonarismo, que aún está en silencio luego del recuento preliminar de los votos, no ha sido una estrella fugaz, como muchos hubieran querido y está para quedarse. Algunos hasta anticipan su intento de influir en la elección argentina.

El Lula que regresa, prometiendo unificar al país, y volviendo a hablar de la región no encuentra la misma Latinoamérica en la que sus primeras presidencias dejaron huella. Como bien él reconoce, cuando dice que Latinoamérica está cansada de ser pobre, habla de la imperiosa necesidad de crecer. Los primeros mandatos de Lula estuvieron marcados por el viento de cola del boom de los commodities y tuvieron el contexto perfecto para sus planes de sacar a millones de la pobreza.

Aquella ola de gobiernos de izquierda más o menos populistas tuvo plata, mucha plata. Hoy, la nueva ola de gobiernos de izquierda encuentra límites en la cruda realidad. Y, como apunta el politólogo Andrés Malamud, llega menos por ideología que por reacción a las penurias durante y después de la pandemia. El ejemplo es Chile, donde en poco tiempo Gabriel Boric perdió sus altos índices de popularidad, debió aceptar un fuerte revés en el voto contra la nueva Constitución y, sobre todo, no pudo colmar el nivel de expectativas ante un cambio impensado como lo es un gobierno de orientación comunista en el país trasandino.

En Brasil, Lula encontrará una economía en crecimiento que puede jactarse incluso de deflación, pero en una sociedad que ha sufrido las tensiones de una enorme polarización. Esto último seguirá ocurriendo, y determinará sus dificultades para hacer reformas. Pero como muchos marcan, puede esperarse un regreso al liderazgo regional que le impone a Brasil su propio tamaño, con 215 millones de habitantes. Ese liderazgo se espera que sea más integrador que divisivo.

Y este es uno de los puntos por el que el triunfo de Brasil indefectiblemente impacta en Argentina. Es imposible que cualquier escenario en el gigante Brasil, no afecte a la Argentina. En los hechos es su primer socio comercial y contagia tanto su prosperidad como sus crisis. Si a Brasil le van bien Argentina se ve beneficiada y viceversa. En el escenario político en cambio, el kirchnerismo signaba sus esperanzas en que un triunfo de Lula sea el espejo en que pueda mirarse Cristina Fernández, por varias razones. Sin embargo, eso comenzó a mostrar interrogantes desde la primera vuelta en la elección.

Lo que parecía ser un triunfo arrasador, fue una victoria por una diferencia más módica, y el ballotage muestra tan escasa ventaja que cualquier festejo debe ser cauto.

Segundo, buscaron comparar la historia judicial de Lula con lo que llaman lawfare, la supuesta persecución judicial a Cristina Fernández; pero la verdad es que, a diferencia de la vicepresidenta, lo que Lula demostró es que aceptó los designios de la Justicia y fue preso. Aquí, el kirchnerismo sigue desconociendo a la Justicia, buscando atacarla, y no se sabe cómo reaccionarán ante una segura sentencia condenatoria luego de cantar todo el año “si la tocan a Cristina, qué quilombo se va a armar”. Un Lula que acepta el sistema, es decir las decisiones judiciales, no parece ser el espejo propicio para quienes quieren encontrar paralelos. Lula vuelve al poder luego de ir preso. Cristina quiere encontrar atajos a la Justicia. La historia absolvió a Lula, pero luego de pasar por la cárcel.

La épica más complicada para el kirchnerismo es esa según la cual si volvió Lula, debe volver Cristina. Pero Cristina ya volvió y este también es su tercer gobierno. Primero, no logró ser ella la que volviera como presidente, aunque en los hechos fue ella la que gobernó o tuvo el poder de bloquear el Gobierno y sigue teniéndolo, lo que es más o menos lo mismo.

Cristina misma se esfuerza por despegarse de su Gobierno, criticándolo como si fuera una comentarista o una opositora, y no su principal autora, pero eso es un ejercicio de mera simulación. La calle entiende perfectamente que Alberto está en el Gobierno y Cristina está en el poder, desde hace mucho tiempo. Por más que se esfuercen en compararla con Lula, Cristina ya volvió y fue un desastre.

El cuarto gobierno kirchnerista terminará con una inflación que duplica la que dejó Mauricio Macri y medio país hundido en la pobreza. Actualmente, el mero hecho de andar trampeándose para eliminar las PASO, muestra algo obvio: que está en duda el poder de la señora dentro del peronismo. El kirchnerismo no sólo inventó las PASO, sino que siempre pudo definir la interna a dedo a pesar de las PASO. Nunca necesitaron eliminar las PASO para definir las listas. Quieren eliminar las PASO para eliminar su interna, pero la interna ya está ahí, y desafía a un poder decadente.

El hecho de que las PASO se hayan convertido en un problema muestra que ellos ya no pueden quedarse con la lapicera de las listas tan fácilmente como antes. Y no sólo eso. Corren el riesgo de que, eliminando las PASO, los que queden afuera no acaten y se fragmente el peronismo.

No es casualidad que el festejo de Cristina en Twitter mostrando sus fotos con Lula haya buscado la familiaridad con el líder del PT, pero lo sentimental del texto expresa más nostalgia que futuro. Porque la que se ha quedado sin poder ofrecer más que pasado, es indudablemente ella. Ya está, ganó Lula. Eso no convierte la calabaza en carroza para el kirchnerismo. Cuando se consuma la noticia, volverán a las tapas de los diarios, los números amargos de la crisis y la inflación, que este mes sería otra vez superior a 6% y casi de 7%, según algunos pronósticos. El “compañero Lula” no los salvará de su propio desastre.

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