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Cómo “desconectarse” en un mundo hiperconectado
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Cómo “desconectarse” en un mundo hiperconectado

Por Lic. Alexis Chaves (*)

El parlamento europeo comenzó un debate imprescindible en torno a la utilización inmersiva, adictiva y globalizada que hacemos de las redes sociales y las consecuencias que se vislumbran si su consumo es desmedido.

El dato categórico que empuja a la reflexión, es que, existen 3.960 millones de personas distribuidas en más de 100 redes sociales, con una interacción que no conoce barreras horarias ni geográficas. Estamos hiperconectados y, a causa de ello, quizás más aislados que nunca.

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El uso inseguro de las redes, se enlaza con síntomas de ansiedad, genera depresión, falta de sueño y comportamientos “obsesivos”. Nos encontramos con personas de baja edad que pasan el equivalente a una jornada laboral promedio, frente a pantallas de diversos formatos, con consecuencias impredecibles sobre la salud mental.

En el último informe aprobado por los eurodiputados, se llegó a la fuerte conclusión que nos encontramos hiperdependientes de las redes sociales, los juegos online, los servicios de streaming y los Marketplace o tiendas en línea.

El debate desembocó en la necesidad de incrementar las barreras legales y mejorar la protección de los consumidores, reforzando la ley sancionada en 2022, donde Christel Schaldemose (S&D, Dinamarca), la diputada que encabeza el equipo negociador del Parlamento, afirmaba lo siguiente: “Esta votación demuestra que los eurodiputados y los ciudadanos quieren reglas digitales ambiciosas y adecuadas para el futuro. Mucho ha cambiado en los últimos veinte años desde que se aprobó la directiva sobre comercio electrónico. Las plataformas digitales son cada vez más importantes en nuestra vida diaria, nos ofrecen nuevas oportunidades, pero también riesgos”.

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La Ley de Servicios Digitales que se aprobó en 2022 estableció un mecanismo de “notificación y acción”, además de salvaguardias, para la retirada de productos, servicios o contenidos ilegales de las plataformas digitales, sin embargo, esa legislación no alcanzó para dar protección frente a la hondonada de la penetración de las redes. En tanto que va camino a ser profundizada buscando alternativas legislativas que limiten algunas características de diseños perjudiciales, referidas a prácticas definidas comercialmente como “desleales”, como ser: “el inicio automático de juegos y las notificaciones en tiempo real que aparecen todo el tiempo de forma invasiva”.

El punto central es la transparencia del funcionamiento de las interfaces de los servicios en línea; datos técnicos que parecen complicar el uso de los clientes y que también hay que plasmar en los proyectos a debatir. La misión parlamentaria consistirá en poder garantizar la protección de nuestro entorno digital e imponer a las empresas códigos éticos que apunten al desarrollo de una arquitectura menos engañosa y adictiva.

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Un nuevo “derecho digital” que delimite lo invasivo de las plataformas y le permita al usuario no ser molestado, incluso pudiendo desactivar todas las notificaciones, con recomendaciones en línea más neutras, un proceso que va a llevar tiempo y que seguramente estará atravesado por los fuertes lobbies del caso.

La clave en el uso de las nuevas tecnologías y redes sociales (parafraseando a la alimentación humana) debería seguir una “dieta saludable”, “rica” en moderación y minimizando con leyes futuras los efectos nocivos sin dejar de valorar lo mucho que nos ayudan en lo cotidiano.

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En definitiva, con todo lo que se viene, hay que ser conscientes y reconocer el valor positivo intrínseco de las redes sociales, siendo efectivas para la sociedad; y que en Europa quieren remarcar que muchas veces el “diseño” es el problema, lo adictivo que señalamos, y sus consecuencias en la salud psicológica que impacta indudablemente en lo físico, e invade lo económico en beneficio, casi exclusivo, de los desarrolladores.

(*) Politólogo y Analista Parlamentario

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