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Nunca estuvo tan claro: una república libre y en desarrollo o las corporaciones mafiosas que hundieron la Argentina
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Nunca estuvo tan claro: una república libre y en desarrollo o las corporaciones mafiosas que hundieron la Argentina

El disimulo dura poco: el oficialismo está mostrando su cara violenta, que es la marca registrada del kirchnerismo.

Hay sectores del círculo rojo que venían mostrando a Massa como si fuera distinto a la mayoría de los K. Los K concentran en partes iguales autoritarismo y falta de idoneidad, y a Massa nos lo quisieron vender con unas virtudes que solo existen en la mente alocada de parte del poder permanente de Argentina.

Los que lo llamaban “superministro” y le creían cuando prometía una inflación del 3%. Massa fue a Córdoba esta semana y ante una pregunta lógica del periodista Néstor Ghino (le preguntó sobre el dólar y la inflación) reaccionó de manera mafiosa acusando al hombre de prensa de «hacerse el picante”.

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Massa quiere un mundo de medios comprados que solo lo elogien y le pregunten sobre las cosas que él elija. Cuando eso no sucede se vuelve autoritario, que es lo que define al PJ.

Massa está mostrando todos esos síntomas de ansiedad porque ve su propio fracaso. Doble fracaso el que está avizorando: pésimo ministro de Economía y desastroso candidato que recoge abucheos por donde va y suspende caravanas en La Matanza.

Otros ejemplares como Gabriela Cerruti muestran también su peor cara y agreden a los periodistas que les incomodan.

El peronismo odia la libertad de expresión y solo se siente cómodo cuando conversa con genuflexos. 

El próximo gobierno deberá encarar una agenda de reformas enorme para sacar a la Argentina del estancamiento y el atraso pero, además, deberá estar preparado desde el primer día para recibir ataques y operaciones del kirchnerismo residual.

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Serán insignificantes como fuerza política pero conservarán, por un tiempo, capacidad de daño. Tienen sindicatos corruptos que harán de todo por defender sus negocios. Empresarios prebendarios que conspirarán como lo han hecho siempre que un gobierno intentó ponerles limites a su voracidad y corrupción. También habrá lucha desde dentro del Estado que tiene áreas enteras cooptadas por militantes kirchneristas que solo tienen como agenda de trabajo interrumpir reformas. Todas las mafias atacaran desde el primer día al futuro gobierno. 

Todo lo que hagan contra el nuevo gobierno será justificado por los periodistas y políticos progres que, como siempre, serán el personal de maestranza del kirchnerismo.

Esos que se rasgaban las vestiduras ante cualquier decisión del gobierno de Macri y que en la catástrofe actual terminan justificando atrocidades. Son los mismos que alimentaron la operación política del caso Maldonado y que callaron antes las muertes y violaciones a los derechos humanos producidas por el peronismo en la pandemia.

Los que creen que hay que colocarse en el centro cuando las dos opciones son populismo autoritario o fuerzas democráticas. El centro político está siempre entre fuerzas democráticas. Cuando no se entiende ese concepto y creen que hay algún centro entre el populismo autoritario y la democracia liberal terminan siempre funcionales al populismo. Los progres argentinos tienen esa tara.

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Muchos de los cultores del “todoeslomismo” han estado comparando los actos de autoritarismo y corrupción del kirchnerismo con la interna de JxC acusándola de agresiva. Es menester aclarar algo. El sistema electoral argentino es endiablado y el proceso eleccionario es largo por obra de las PASO. Puede gustar más o menos ese sistema pero es lo que hay. La interna de JxC es la única disputa democrática en serio que hay en estas PASO.

Frente a la calamidad de tantos gobiernos kirchneristas y el consiguiente daño que han hecho es menester definir qué modelo de oposición quedará definido entre las dos opciones que se presentan. El gradualismo y la búsqueda de mayorías entre las cúpulas políticas que representa Larreta o una agenda reformista, donde se pueda consensuar con sectores que acuerden con esas reformas y se enfrente a las corporaciones que ponen por delante su interés frente a a las demandas ciudadanas que representa Bullrich.

Es una elección vigorosa y democrática que debe funcionar como el paso que hay que dar para fortalecerse e ir a la pelea de octubre que es clave para la Argentina: hay que humillar electoralmente al kirchnerismo para que las mayorías amplias las construyan los ciudadanos con su voto.

El proceso es largo y duro para una ciudadanía exhausta que no ve la salida. Después de las PASO la misión de las fuerzas democráticas deberá ser mostrar que la posibilidad de cambio es real y que ese cambio podrá ser definitivo en un país que en todas las áreas muestra señales de atraso. 

Las elecciones deben servir para definir qué rumbo se seguirá. ¿Será el rumbo del atraso y las mafias o el del progreso y el poder ciudadano? Veremos si viene el tiempo de los demócratas o si seguirá siendo el de los populistas autoritarios que nos llevaron a este presente patético. Pocas veces ha habido un panorama más claro. 

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