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Boca se impuso a River en los penales y pasó a cuartos de final de la Copa Argentina
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Boca se impuso a River en los penales y pasó a cuartos de final de la Copa Argentina

Boca Juniors venció nuevamente a River Plate por penales, en esta oportunidad por Copa Argentina como en la vez anterior en la Liga Profesional, al alcanzar una victoria por 4-1 en la definición, luego de empatar 0-0 en los 90 minutos regulares del encuentro de octavos de final disputado esta noche en el estadio Ciudad de La Plata.

Ahora, en instancias de cuartos de final los boquenses rivalizarán con Patronato, de Paraná.

De esta manera Boca sigue invicto ante River en la denominada «era Juan Román Riquelme», ante el equipo dirigido por Marcelo Gallardo, con el valor agregado de que a pesar de que los cuatro encuentros que disputaron entre sí terminaron empatados, en las dos últimas definiciones de sendos mano a mano los de Miguel Ángel Russo se terminaron imponiendo desde los 12 pasos.

Inclusive Boca, de los últimos 14 partidos disputados solamente ganó uno en los 90 minutos, a The Strongest, de Bolivia, en la fase de grupos de la Copa Libertadores en curso, en la que se quedó fuera de competencia justamente en definición por tiros penales ante Atlético Mineiro, en Brasil, también en instancias de octavos de final.

El frío y la niebla que empezó a bajar sobre el estadio platense apenas comenzado el encuentro pareció nublar las ideas de ambos conjuntos, especialmente de River, que distó mucho de ese nuevo perfil que le volvió a encontrar Marcelo Gallardo con los ingresos de Braian Romero y Bruno Zuculini.

De ellos dos solamente, porque la prueba que ensayó en cuatro partidos con Jorge Carrascal parece haber pasado rápidamente a mejor vida, ya que hoy el colombiano le tuvo que dejar su lugar, por imperio de una decisión del «Muñeco», a José Paradela, justamente un producto del platense Gimnasia y Esgrima.

Pero lo que en realidad pareció extrañar más en ese primer tiempo el conjunto riverplatense fue a su mejor jugador de los últimos tiempos, el lesionado Matías Suárez, ya que durante la primera media hora nunca encontró vertientes ofensivas como para generar situaciones de riesgo cerca del arco de Agustín Rossi.

Es cierto que en ese lapso la presión alta que ejercieron los dirigidos por Miguel Ángel Russo le quitaron espacios de creatividad a los «millonarios», aunque al momento de recuperar la pelota en Boca tampoco había ideas para romper líneas en pos de la valla defendida por Franco Armani.

El único que sí lo consiguió en tres oportunidades fue Juan Ramírez, el recién llegado desde San Lorenzo que con esas acciones provocó las faltas y consecuentes tarjetas amarillas de Enzo Pérez, David Martínez y Gonzalo Montiel.

Así, entre uno que no podía y otro que aparentemente no quería, el desarrollo se diluía en un juego intrascendente e improductivo por ambos lados, sin llegadas de riesgo ni alternativas que ameritaran alguna emoción extra a los aproximadamente 500 «hinchas-allegados» que hicieron oír sus voces de aliento en el despoblado estadio platense.

Hasta que justo a la media hora Julián Álvarez, reemplazante de Suárez, ganó por izquierda y lanzó un centro bajo, al centro del área, que Rossi alcanzó a rozar y el debutante riverplatense en superclásicos, Braian Romero, en vez de recibirlo para empujar el balón a la red, lo terminó «rechazando» con el pie zurdo sin marcas, solo dentro del área chica.

Fue entonces que River «descubrió» que las espaldas del debutante Luis Advíncula quedaban muy descubiertas por la línea de tres que paró Russo y entonces el cuarto de hora final encontró al uruguayo Nicolás De la Cruz jugando por ese lado.

Esa acción, paradójicamente lamentada por los riverplatenses, iba a terminar marcando a su favor el desarrollo del segundo tiempo, en el que los de Núñez volverían por sus fueros. Y Boca por los suyos.

Es que los 45 minutos finales fueron manejados por River en casi todo su transcurso, generando tres claras opciones de gol en los pies de Zuculini primero, bien controlada por Rossi, y Paradela y De la Cruz después, que se terminaron perdiendo junto al palo izquierdo y sobre el travesaño, respectivamente.

A Boca, en tanto, le quedó muy lejos el partido, y trató de suplir su ya constante carencia de fútbol con un despliegue en que la dinámica estaba puesta solamente al servicio de la recuperación, con la única excepción de Ramírez, que en cada arresto individual importante terminaba «amonestando» a un rival.

El 0 a 0 fue entonces el que privó al final, para una nueva definición por tiros penales como en el encuentro de la pasada Liga Profesional, y los «vicepresididos» por Riquelme se impusieron a los dirigidos por Gallardo, aunque ninguno de los dos «exdiez» ya pueda hacer algo con la pelota en los pies.

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