Leyendo:
PASO 2023: la tercera gran incógnita
Artículo Completo 6 minutos de lectura

PASO 2023: la tercera gran incógnita

Por Carlos Fara (*)

Es un buffet libre, de modo que ahora algo así como 35 millones de electores decidirán qué les gusta más –o rechazan menos- del menú servido. Como varias opciones se agregaron a último momento, seguro que muchos pensarán dos veces antes de llevar algo a su plato. Porque, además, la oferta es más amplia que nunca desde que existen las primarias (el doble que en 2019). Se ve que, a mayor fastidio con la política, más pescadores salieron a aprovechar el río revuelto.

Los argentinos no se pueden quejar, ya que hay platos para todos los gustos, y con muchos actores que nunca se presentaron en la instancia presidencial. En la política nacional no se acostumbra que alguien repita en su intento luego de no haberlo logrado la primera vez. Ahora hay una excepción relevante: Sergio Massa.

Existen varios elementos interesantes por señalar en esta Argentina versión 2023:

Los principales candidatos son del AMBA, salvo Schiaretti, confirmando una tendencia de relegamiento del interior en los últimos años. La última vez que hubo alguien relevante del país federal fue Binner en 2011.

-De las cuatro fuerzas principales –UP, Juntos, Libertad Avanza y Hacemos- se registraron seis presidenciables. De esos seis, cinco se formaron en la matriz peronista: Bullrich, Larreta, Massa, Grabois y Schiaretti (parece que Perón tenía algo de razón con eso de “peronistas son todos”).

La dosis del cambio y la timba de Cristina Kirchner

-Se registraron 3 precandidatas presidenciales mujeres para las primarias, al igual que en 2011 y 2015. En 2019 hubo solo una, que no llegó a la final. En esta oportunidad -y en teoría- una de las tres es muy competitiva.

Sistemáticamente se registra algún candidato que sea peronista no kirchnerista. En 2011 fueron Duhalde y Rodríguez Saá; en 2015, Massa (con De la Sota) y otro Saá; en 2019, Lavagna; y ahora Schiaretti.

-La política argentina tampoco está acostumbrada a los outsiders, mucho menos a que sean competitivos. Más allá del caso Milei –que requiere un párrafo aparte- lo que prima ampliamente en la oferta son figuras con trayectoria y varios con gestión conocida en su mochila.

Con estos cinco factores, se podría decir que ser metropolitano, de una de las grandes coaliciones, de matriz peronista y con trayectoria política, da más probabilidades de llegar como mandamás a Balcarce 50.

Sergio Massa y Cristina Kirchner, juntos en un acto en Aeroparque

Obviamente, el futuro nunca está escrito. Sin embargo, hasta aquí las coordenadas del escenario electoral se han movido más bien dentro de lo previsible que de lo sorpresivo:

1) sobre once distritos donde hubo comicios para gobernador, se impuso la continuidad en nueve;

2) las dos grandes coaliciones no se rompieron;

3) los precandidatos estaban en el tablero hace mucho (más allá de las idas y vueltas del oficialismo a último momento); y

4) el escenario va de cambio hace más de dos años, dado el fuerte balance negativo que arrastra la gestión de Alberto. Todo esto contradice un poco a quienes siempre dicen que “en la Argentina nunca se sabe lo que va a pasar”.

El divertido espectáculo de la decadencia K: de tragarse un sapo a tragarse un elefante

El punto es: ¿qué cambio quiere la mayoría social? ¿Un cambio profundo o moderado? Este es un tema de compleja interpretación, ya que se ha hablado mucho respecto a un “corrimiento a la derecha” del electorado.

Sin embargo, solo para tomar como indicador las tres principales propuestas de Milei, la radiografía no permite aseverar aquel corrimiento: la gran mayoría de los encuestados se opone a la dolarización, el cierre del Banco Central y a la privatización de las empresas del Estado que dan pérdida.

¿Entonces? Lo que la mayoría está diciendo es que quiere un cambio profundo del estado de situación, sin necesariamente adherir a soluciones radicalmente opuestas ideológicamente.

Pero ¿la sociedad no quiere orden? Teniendo en cuenta la debilidad de la autoridad presidencial, la inflación galopante y el desorden económico, la demanda es obvia, y qué mejor que una persona que marque autoridad, coraje. La coordenada sobre el tipo de liderazgo no admite discusión.

Sin embargo, esa no es una definición ideológica, y no necesariamente se liga con el tipo de soluciones para resolver los problemas más acuciantes. En definitiva, autoridad sí. ¿Para qué? Para sacar a la Argentina de la crisis… pero no con cualquier herramienta. “Pero si no se va a fondo, no salimos”. Los candidatos y dirigentes deberán hacer la docencia adecuada para que la gente adhiera. De eso se trata la política, entre otras cosas.

Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta. Fotos: NA

Hasta acá todo se movió en el plano del borrador. Con las candidaturas definidas y en la calle, vamos a tener una fotografía mucho más certera, y se van a poner sobre la mesa debates que hasta acá eran difusos.

En la cultura política argentina la gobernabilidad es un punto relevante, por ejemplo. En uno de nuestros últimos estudios de opinión pública, ante la pregunta sobre quién tendría más fuerza para gobernar entre un presidente de Juntos por el Cambio o Milei, el 48% respondió la primera opción y el 25%, la segunda. Respecto a quién podría tener más apoyo en el Congreso, antes las mismas dos opciones, el 59% eligió a un mandatario de Juntos y el 17%, al libertario.

Solo en dos comicios presidenciales post 1983 (2003 y 2015) ningún candidato se cortó adelante con la suficiente diferencia sobre los demás como para hacer una apuesta segura.

Eso fue porque la mayoría no quería otorgar con anticipación una señal inequívoca, de modo que los competidores se esforzaran por generar la confianza necesaria. En este 2023 se produce la tercera gran incertidumbre en 40 años y sucede cada vez con mayor frecuencia.

(*) Consultor político y titular de Carlos Fara & Asociados

Ingresa las palabras claves y pulsa enter.