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El estado del peronismo, 50 años después
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El estado del peronismo, 50 años después

Por Carlos Fara (*)

Hace 50 años, Juan Domingo Perón regresaba definitivamente a su país. Luego fue elegido presidente por tercera vez con el mayor porcentaje de votos de la historia argentina posterior a 1945. Tras unos pocos meses en el cargo, fallecería. Dejó el lugar a su esposa, quien ejercía la vicepresidencia.

Perón se inscribe en una lista de varios líderes de movimientos políticos de base popular en la América Latina del siglo XX. Haya de la Torre en Perú, Cárdenas en México, Vargas en Brasil, Velasco Ibarra en Ecuador, Paz Estenssoro y Siles Suazo en Bolivia, son figuras de esa lista. Sin embargo, todos ellos solo han quedado en los libros de historia, mientras que el proyecto de Perón sigue vigente, más allá de los desgastes estructurales lógicos.

EL REGRESO DE PERÓN
Perón volvió a la Argentina en un marco tremendamente complicado, tanto político como económico. Era tiempo de la Guerra Fría y la crisis del petróleo. Las tensiones internas dentro de su movimiento se habían exacerbado, incrementadas por la presencia de grupos guerrilleros de izquierda que ponían en jaque la vuelta a la democracia. Perón —ya con severos problemas de salud— no logró contener las contradicciones internas del peronismo y le costó ser la síntesis de una amplia diversidad.

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Una frase de cabecera de Perón era «la organización vence al tiempo». En buena medida, eso hizo que un proyecto que nació personalista se convirtiera en una fuerza permanente, con la preeminencia de diferentes liderazgos a lo largo de las décadas (Menem, los Kirchner).

La supervivencia del movimiento pudo superar con éxito la muerte del líder. Ahí se puso en juego la rutinización del carisma, como postulaba Weber, ya que este no se transmite ni se hereda.

ETAPAS DEL MOVIMIENTO PERONISTA
El peronismo, un movimiento poco institucionalizado y con poco apego a las reglas formales del juego político, cuenta por ello con cierta flexibilidad para adaptarse al signo de los tiempos.

Por eso, Perón tuvo una primera etapa claramente estatista redistribucionista y luego viró a una fase desarrollista. Muchos años más tarde, el movimiento se orientó a reformas promercado en las presidencias de Menem, para después volver a una etapa más clásica, de alta intervención del Estado en la economía, con los mandatos de Néstor y Cristina Kirchner.

A partir de esta descripción histórica, se puede decir que con la fase kirchnerista —que cubre los últimos 20 años— el proyecto adquirió otras características. Néstor Kirchner quiso reconfigurar la discusión política e ideológica en la Argentina hacia un esquema clásico de izquierda-derecha, al que la sociedad históricamente nunca había adherido.

(Foto: Mariano Sánchez – NA)

El movimiento se orientó a una izquierda nacional y popular. Ese intento de quiebre de las coordenadas predominantes en el siglo XX hizo que hubiera un flujo de pases entre fuerzas. Radicales y referentes de izquierda históricos confluyeron con el kirchnerismo, así como hubo peronistas que dejaron el Partido Justicialista y ahora militan en distintos partidos dentro de la principal coalición opositora (Juntos por el Cambio), varios de ellos en el partido que creó el expresidente Mauricio Macri, Propuesta Republicana (PRO).

Desde el regreso a la democracia en 1983, el peronismo ha gobernado 28 de los últimos 40 años.

LA COYUNTURA ACTUAL
La coyuntura de este 2023 es inédita, ya que es la primera vez que un gobierno peronista está concluyendo su mandato con una crisis económica importante, más grave que la recibió en 2019, además de profundos conflictos entre el presidente Alberto Fernández y su vicepresidenta -y líder del espacio- Cristina Kirchner (CFK).

El cuadro actual hace que exista una fuerte demanda de cambio político y económico.

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En 1999, al finalizar los mandatos de Menem, la Argentina tenía problemas económicos pero mantenía la estabilidad con muy baja inflación. En 2015, cuando concluyeron las presidencias de CFK, la economía estaba ya con muchos problemas, pero no en una crisis.

La situación actual del movimiento que creó Perón es muy complicada, por dos tipos de factores, unos estructurales y otros de estilo de liderazgo.

Entre los estructurales se pueden contar los siguientes:

1- La fragmentación de su base social: la estructura ocupacional del mundo va mutando a mucha velocidad hacia puestos de servicios individuales, inestables y volátiles. Al modificarse el mundo laboral, todos sus fundamentos se resienten.
2- La fragmentación del sindicalismo: como fruto del factor anterior, la representación gremial sufre el mismo proceso, más compartimentado que nunca. Ergo, la famosa columna vertebral del movimiento hoy está quebrada y quizá ya no haya cirugía que la recomponga.
3- La supremacía de la virtualidad sobre la territorialidad: el peronismo nació en un contexto de lógica federal que va perdiendo espacio en una sociedad ganada por vínculos volátiles y efímeros —o líquidos— que relativizan el predominio clásico del siglo XX.

ROL DEL KIRCHNERISMO
Entre los factores relativos al liderazgo se podrían citar los siguientes:

1- El éxito cultural del kirchnerismo hacia adentro y afuera del peronismo. Para muchos cuadros políticos, sobre todo en las franjas más jóvenes, el peronismo que vivieron es el de Néstor y Cristina, con toda su impronta de retorno a un pasado glorioso. Se diferencia de la etapa menemista, cuya narrativa central era cómo la Argentina se integraba a la nueva etapa de la historia. El kirchnerismo, en cambio, logró que sedimentara un relato asociado a las supuestas banderas tradicionales del movimiento, con una adherencia simbólica afectiva que explica la persistencia de su núcleo duro electoral.
2- Dicha sedimentación cultural e ideológica genera grietas que parecen irreconciliables hacia adentro de la confederación peronista, además de la dificultad de captar votantes de segmentos blandos y volátiles que no se sienten interpelados por semejante apelación militante.
3- Para que exista una religión hacen falta un mesías, un evangelio y evangelistas. El kirchnerismo reúne los tres factores: el liderazgo de Cristina, la principal líder del espacio, al mismo tiempo que le pone un techo difícil de romper, posee un relato significativo para su núcleo duro y tiene una masa militante no desdeñable.

PERSPECTIVAS INCIERTAS
El predominio kirchnerista está claramente en una etapa de desgaste, como ya se visualizó en la elección legislativa de 2021, en la que se constató un mayor nivel de abstención. De las últimas cinco elecciones nacionales —posreelección de CFK en 2011—, el peronismo perdió cuatro, y podrían ser cinco contando la próxima presidencial. Sin embargo, para que se genere una renovación interna debe haber un liderazgo alternativo. Por el momento, este no se ve.

La excusa judicial para esconder el fracaso

Muchas predicciones sobre el futuro del peronismo se basan en una simple extrapolación del pasado, en medio de un proceso histórico donde las constantes de la política argentina se están reescribiendo. Las divisiones peronistas van en progreso en los últimos 25 años.

El proceso de fragmentación que ya sufrió el radicalismo, tarde o temprano le iba a pasar al movimiento de Perón, con sus peculiaridades. Algo nunca ocurre… hasta que pasa.

(*) Consultor político y titular de Carlos Fara & Asociados

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