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Arrabal: la cantina que invita a compartir
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Arrabal: la cantina que invita a compartir

En el barrio de Chacarita, sobre la calle Santos Dumont, se encuentra Arrabal: una cantina moderna que cautiva con un menú de raíces españolas e italianas sobre el que aplican giros creativos e influencias de otras latitudes. Sus “platitos” y principales se acompañan de una tentadora propuesta de cervezas, vinos y coctelería, con vermú y sangría incluidos. Para compartir desde el atardecer en un deck sobre la vereda, un encantador salón o un patio cargado de verde.

Su curioso nombre arrastra contexto histórico, un claro tributo al barrio de Chacarita que antiguamente era considerado un arrabal. Este proyecto, nacido en el año 2020, está encabezado por el emprendedor gastronómico Eduardo Pérez, quien se encargó de darle forma al espacio y al concepto que funciona actualmente, junto con los afamados bartenders Adriano Marcellino y Juan Pablo Reales —también dueños de Brukbar— quienes integraron su experiencia en el ámbito gastronómico y de la coctelería.

El cuidado diseño del espacio surgió de la intuición y el gusto de los mismos dueños, quienes lograron una ambientación acogedora y a la vez descontracturada, con detalles de estilo industrial y de bodegón. Combina elementos en madera, cemento y metal, y ofrece sectores bien diferenciados: un deck sobre la vereda para días soleados; el salón, en forma de pasillo, consta de mesitas unidas por un largo banco  metálico; una gran barra, para una experiencia más relajada; y el patio trasero al aire libre con mesitas rodeadas de numerosas plantas y un imponente mural.

Allí se disfruta de una carta breve, pero contundente, compuesta por preparaciones inspiradas en otras cocinas del mundo como Italia, España, Francia, entre otros. Con el foco puesto en la frescura y la calidad, utilizan materias primas de pequeños y medianos productores locales.

Para compartir “platitos” al centro, se recomiendan los emblemáticos buñuelos que preparan a base de espinaca, kale, zanahoria y garam masala, acompañados de alioli de berenjena asada y sriracha; la fainá crocante con bondiola braseada (durante 5 horas), ricota de chipotle y cebollitas crispy; pastrón casero con salsa de mostaza antigua, parmesano, alcaparras fritas y pepinos encurtidos; su versión de revuelto gramajo con stracciatella, crema de portobellos y mizuna morada; y el halloumi grillado con chutney de tomate, aceite de albahaca y sardo estacionado. Entre los principales, hay milanesas de carré con papas parmentier y alioli de albahaca; sorrentinos caseros rellenos de hongos y puerros con crema de verdeo; y vacío fino con fondo de cocción, crema de Dijon y milhojas de papa a la napolitana, entre otras opciones.

Para el final dulce, se proponen sabores tradicionales como los casquitos de zapallo en almíbar con queso gruyere, la marquise de chocolate con ganache de dulce de leche y quenelle de crema, y el tiramisú de la casa.

 

Estas preparaciones pueden maridarse con jarras de sangría de la casa para compartir, pingüinos con vermú bianco o rosso, cervezas artesanales, una cuidada selección de vinos jóvenes y/o naturales de pequeños proyectos locales, y cócteles de autor especialmente diseñados por Adriano Marcellino y Juan Pablo Reales.

Una propuesta descontracturada en el barrio de Chacarita para dejarse tentar y disfrutar de la cocina porteña con toques gourmet en un nuevo formato de cantina moderna.

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