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Mes dos: Milei y la campaña interminable
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Mes dos: Milei y la campaña interminable

Por Manuel Zunino (*)

No solamente se cumplieron dos meses del inicio del gobierno de Javier Milei, sino además un año exacto desde que -sin interrupciones- la política nacional comenzó a funcionar en modo campaña, con un grado de intensidad mayor de lo habitual.

En febrero de 2023 lanzaba (o confirmaba) su candidatura Horacio Rodríguez Larreta, poco después Patricia Bullrich le avisaba que iban a competir. En marzo se bajaba Mauricio Macri y se empezaba a especular con su intención de generar al final del camino una nueva configuración política, con una alianza de derecha bien definida que integrara a los sectores del PRO (que hoy acompañan al gobierno) y el espacio libertario en aquel momento en franco crecimiento.

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Del otro lado de la grieta continuaba la pelea entre el Presidente y la Vice (por aquellos días la forma era ignorarse), y él sostenía públicamente que era quien más votos tenía al interior del peronismo, hasta que finalmente en abril declinó su candidatura. Treinta días después reaparecieron en público y ella le pidió que usara la lapicera. En simultáneo y por abajo, crecía la confrontación por las candidaturas del Frente de Todos, los gobernadores no se alineaban, y había quienes querían correr hacia arriba a Kicillof de la Provincia. Todas escenas que terminaron la noche en que se frustró la fórmula Wado-Mazur.

Después, el ministro de economía en campaña, Grabois dando pelea, la desilusión de Horacio, la sorpresa del outsider, los traspiés de Patricia, debates, shows, acusaciones cruzadas, nuevas alianzas, ballotage y todo lo que ya sabemos.

Gobernar tomó hace tiempo la dinámica de la campaña permanente. El objetivo es mostrarse activo y no perder la centralidad, para sostener niveles altos de popularidad que legitimen las acciones y moderen los ataques de sus adversarios. Pero a diferencia del periodo formal de campaña, una vez en el gobierno eso se logra combinando realidad y discurso, expectativas y resultados.

En dos meses de gestión Milei continuó con una lógica comunicacional de campaña, hablando a los propios, generando tensiones y reforzando las divisiones sociales. Incluso la profundizó en las últimas semanas, mediante la confrontación con gobernadores y legisladores, apelando a agravios y ofensas que descolocan y limitan en sus acciones a ajenos, pero también a propios.

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El juego político se da hoy entre un oficialismo descoordinado y en esencia débil, con baja representación parlamentaria, sin poder territorial y con un apoyo en caída en la opinión pública, que sobreactúa una fortaleza cada vez más dudosa y una oposición fragmentada que intenta con muchas dificultades recuperar la autoestima.

En el medio, una opinión pública hiper-estresada y con niveles de incertidumbre muy altos. Por el malestar que genera la situación económica, la preocupación creciente por la inflación y los ingresos, acrecentado por un gobierno que no define con claridad un rumbo y la lógica ríspida que continúa desplegando la pelea política.

Durante todo el año 2023 la percepción social que predominó sobre la dirigencia nacional fue la siguiente: actores mirando para dentro, concentrados en sus roscas y disputas, mientras aumentaban los problemas.

La sucesión de dos gobiernos percibidos como desconectados de la realidad fue el caldo de cultivo del proyecto de Milei, y de ninguna manera está libre de que sea el germen que le quite las fuerzas.

(*) Sociólogo y director asociado de Proyección Consultores

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