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Fascismo K: adoración al líder y defensa de la corrupción
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Fascismo K: adoración al líder y defensa de la corrupción

Los kirchneristas están mostrando su decadencia de una manera muy elocuente, y esa decadencia acentúa el fascismo, que es el comportamiento natural en ellos. Cometer delitos y comportarse como fascistas es la síntesis exacta del ideario kirchnerista.

Luego del fallo que condenó a CFK, hemos visto todo el muestrario de imbecilidades que CFK y sus acólitos están acostumbrados a brindar. El tema es que, en el estado actual de decadencia del movimiento, el patetismo se va acentuado. La derrota es muy profunda.

Son partícipes del peor gobierno de la historia democrática y la Justicia encontró toneladas de pruebas para mostrar lo que siempre supimos: el carácter delincuencial del kirchnerismo. CFK brindó un mensaje patético echando culpas a otros (porque no pudo desmontar ni un solo argumento jurídico de la condena) y diciendo que no iba a ser candidata.

Sobre este punto hay que ser muy claros. CFK no quiere ser candidata porque las encuestas están siendo lapidarias para ella y para toda la corte de los milagros en que se ha convertido su movimiento. Sabe que su derrota sería rotunda y pretende engañar los argentinos haciendo mohines de actriz de clase B y poniendo cara de digna.

No hay dignidad. Ella tiene miedo por el futuro, que vendrá plagado de insignificancia electoral y de más condenas judiciales para ella y para su familia. La calidad moral del matrimonio Kirchner era tan baja que, cuando tuvieron que poner nombres para conformar sociedades que iban a ser usadas para delinquir, eligieron poner a sus hijos. El sentido de impunidad que tienen las mafias los lleva a cometer esos desastres.

El problema no es enfrentar a CFK. Cualquier político normal le ganaría la elección, y si fuera candidata a presidente seguramente no pasaría a la segunda vuelta. Parafraseando a la serie “Game of Thrones”, “lo que está muerto no puede morir”.

El asunto es cómo desmontar la red de captación de fondos y dependencias del Estado que tienen. Cómo limpiar instituciones que infiltraron y tomaron de rehén para que dejen de cumplir sus funciones. Cuando las instituciones ponen por delante al líder por sobre sus representados es cuando el fascismo es más claro. Cuando el jefe de ATE (Asociación Trabajadores del Estado), Daniel Catalano, amenaza con un paro por la condena a CFK, está diciendo lo mismo que podría haber dicho un sindicato nazi en la época de Hitler. En el conjunto que representa hay gente que tiene distintas opiniones políticas y habrá algunos que no tienen ninguna posición. Así sería en una sociedad democrática.

Al poner a la institución a disposición de un dirigente político se muestra claramente la concepción autoritaria. Eso hizo muy bien el kirchnerismo y esa clase de deformaciones son las que deberá enfrentar el próximo gobierno, que desde el primer día tendrá a estas hordas de fanáticos parándole el país, ya que no los guía un propósito sindical, sino una misión política, además del vergonzoso hecho que implica defender a condenados por corrupción.

Instituciones como la fascista Asociación Argentina de Actores fueron por el mismo camino diciendo que el fallo buscaba proscribir a CFK pese a las miles de pruebas acreditadas en el expediente. Conozco la opinión de muchos actores que están indignados con ese comunicado, pero es el mismo caso que ATE. Muestran que el respeto por las múltiples opiniones de los representados está por debajo de la adoración y la defensa del líder. Fascismo en estado puro.

Estos son solo un par de ejemplos de comportamientos que se reproducen en innumerables lugares (muchos dentro del Estado) que se ocuparán de convertir a la Argentina en un lugar ingobernable cuando asuma el próximo gobierno. No les importará la estrepitosa derrota electoral que sufrirán. Los guía un fanatismo, que los ha convertido en gente gris sin capacidad de razonar, y una corrupción endémica que hace que carezcan de sentido republicano. Solo creen en el líder y en los negocios.

Todos los autoritarismos tienen al fanatismo y a la corrupción como esencia. El kirchnerismo es esencialmente eso. Los opositores deben pensar cómo desarmar ese artefacto del mal que inventó el kirchnerismo. Y no deben concederle nada a esta gente que tiene la intención de instalar relatos. Todo lo que dicen es falso y lo único válido es derrotarlos y humillarlos políticamente. No representan a casi nadie, pero tienen dinero y capacidad de daño. No hay que permitirles nunca más que puedan ejercer ese daño a la democracia.

En este largo año que queda de un gobierno incapaz, que someterá a la gente a todo tipo de flagelos, solo ofrecerán patetismo. El episodio de los insultos al fiscal Luciani por parte del vendedor de encuestas K, Artemio López, y su poco educada acompañante, muestra lo que será este año que queda. Una imponente mediocridad planteada desde un relato que solo ellos escuchan y creen. Una minoría violenta y prebendaria que ve que se acerca el final.

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