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Protectora, espiritual, guerrera: las raíces históricas y culturales de la madre latina
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Protectora, espiritual, guerrera: las raíces históricas y culturales de la madre latina

Por Emilia Zavaleta, creadora de Mulanas *

El día de la madre en Argentina se festeja el tercer domingo de octubre. En otros países de la región tiene fechas diferentes, pero todos de una forma u otra celebran ese día la figura materna. Tenemos una cultura y tradición entorno a la imagen de la madre que viene de muchos siglos, y – al contrario de lo que muchos piensan – hoy está a “flor de piel”. Existe un significado simbólico y etimológico que merece ser tenido en cuenta a la hora de hablar de la “Madre”, que a su vez vincula el pasado y el presente bajo una misma percepción evocando a nuestras raíces culturales.

Las variables que permiten entender el concepto de “maternidad” son múltiples. No es casual que el “multitasking” se relacione directamente con la función que ella representa. Si buscamos sinónimos de “maternal” nos encontraremos con adjetivos como “afectuoso”, “cariñoso” o “cuidadoso”. Su función a veces se resume al hecho de “producir”, “engendrar”. Pero a ello se le suman una cantidad de responsabilidades y exigencias que forman parte de las características que describen el rol de la madre en nuestra cultura latinoamericana.

 

La simbología espiritual y mitológica de la madre que preserva y resguarda la seguridad de sus hijos forma parte de nuestra tradición más antigua en torno a esa figura.

 

En primer lugar, podemos identificar a la madre proveedora. Generalmente se relaciona al padre con ese rol, pero desde hace tiempo la madre viene ganando un lugar en la sociedad donde también cumple la función de suministrar y administrar los recursos materiales. Es que históricamente, en los diferentes contextos – como las guerras, conflictos o viudez – la madre ha tenido que buscar la forma de sostener económicamente a la familia. Durante los tiempos de la conquista, los hombres solían partir en busca de tierras, fundando ciudades y combatiendo los peligros y enemistades locales. Por otro lado, las mujeres de los pueblos originarios han sido las responsables de extraer los frutos de la tierra para mantener a las familias, mientras que el hombre cazaba y organizaba a la tribu.

 

El museo de la Pachamama, en Tucumán (Wikimedia)

 

La Pachamama es fiel reflejo de estos atributos: cumple esa función de proveer a sus hijos. “Pacha” significa tierra y “mama” madre. Las costumbres cuentan que durante el nacimiento del bebe, la placenta es luego enterrada en la tierra para garantizar salud y prosperidad a ese hijo que viene a la vida. La madre entonces protege y cuida de sus hijos, procurando que no les falte alimento ni salud.

 

Toci, denominada en el panteón mexicano Teteo Innan, es la diosa de los médicos, parteras, temazcales, yerberas, adivinos (Wikimedia).

La madre representa también la seguridad espiritual. Las civilizaciones más antiguas tienen diosas que personificaban a la madre espiritual, a veces relacionada con la tierra, otras con la fertilidad, y algunas como es el caso de Tonantzin – madre de los dioses mexicas y señora de la maternidad – la sanadora principal de los pueblos. Esta deidad femenina en México fue un símbolo que permaneció aún luego de la conquista, ya que se transformó manteniendo mucho de sus aspectos, en la venerada Madre de América, la Virgen de Guadalupe. La simbología espiritual y mitológica de la madre que preserva y resguarda la seguridad de sus hijos forma parte de nuestra tradición más antigua en torno a esa figura. Como lo fue también Mama Quilla para los incas, diosa de la luna, madre de firmamento y protectora de todas las mujeres, ya que nadie mejor que ella podía comprender sus deseos y temores, y darles el amparo buscado.

 

La frase “el que no quiere a su patria no quiere a su madre” tiene una connotación que hace referencia a la identidad. Es a ella a la que le debemos nuestra lucha y existencia, y por ende es a ella a quien debemos amar incondicionalmente.

 

Mamá Antula, por ejemplo, es como se la llamaba a María Antonia de Paz y Figueroa, beata argentina pronto a ser santa. Ella continuó el trabajo de la Orden de la Compañía de Jesús luego de su expulsión de las colonias en 1767, reuniendo a mujeres en Santiago del Estero, quienes la acompañaron hasta Buenos Aires para fundar la Casa de Ejercicios Espirituales. Su seudónimo fue precisamente otorgado por los indígenas de la zona por considerarla una guía y protectora cristiana frente a las injusticias y desgracias de este mundo.

La madre patria es otra de las variables que explican nuestra tradición maternal. La frase “el que no quiere a su patria no quiere a su madre” tiene una connotación que hace referencia a la identidad. Es a ella a la que le debemos nuestra lucha y existencia, y por ende es a ella a quien debemos amar incondicionalmente. Está relacionada también con el símbolo de la guerrera, de aquella que entrega todo y pelea por sus hijos.

 

María Remedios del Valle (Wikimedia)

 

En Argentina la Madre de la Patria es María Remedios del Valle, una mujer afrodescendiente que cumplió un rol fundamental durante las campañas de independencia lideradas por muchos generales, entre ellos Manuel Belgrano, a principios del 1800. Perdió a sus hijos en aquellas guerras – uno de ellos adoptado – y cuidó y sanó a los heridos y enfermos en combate junto con las conocidas “Niñas de Ayohuma”.

 

En Argentina la Madre de la Patria es María Remedios del Valle, una mujer afrodescendiente que cumplió un rol fundamental durante las campañas de independencia lideradas por muchos generales.

 

Hoy observamos a la madre trabajadora, empresaria, ingeniera y política y creemos que se aleja de la figura materna histórica. Nada más equivocado. En este año tan particular, la madre demostró ser valiente y resiliente. Los obstáculos que tuvo que atravesar y los cambios en la dinámica diaria y en la estructura social, muestran a una madre con mayores exigencias y preparada para enfrentar los más grandes desafíos. Es madre tierra, proveedora, protectora y educadora, una deidad sin culto, y el sostén espiritual de la armonía familiar.

Ser madre no es solo parir. Es criar, es educar, es sostener, es proteger y cuidar, es proveer, contener y amar, es luchar, es consolar, y trabajar. Podríamos decir que la madre en estos días reúne todos esos atributos de nuestro legado histórico. Tiene un poco de la diosa Tonantzin, de la Pachamama, de Mama Antula y de una Amazona guerrera. A ellas nuestro reconocimiento y gratitud, sin olvidar a la que no pudo ser, a la que será y a la que se fue. ¡Feliz día a todas las madres!

* Emilia Zavaleta es Licenciada en Relaciones Internacionales, egresada de la Universidad del Salvador. Es magíster en Integración Latinoamericana y escribe relatos sobre mujeres de la historia latinoamericana “Mulanas”. 
@sermulanas

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