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La fotografía urbana como expresión del arte contemporáneo
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La fotografía urbana como expresión del arte contemporáneo

Por María Molina

Durante mucho tiempo, la pintura aspiró al sueño de la mímesis, a la reproducción “perfecta” de la realidad. La invención de la cámara fotográfica y su producción industrial, transformaron la relación del público con las imágenes. El fotógrafo heredó las funciones sociales que hasta entonces había cultivado el pintor.

Sin embargo, su relevancia artística demoró en considerarse como tal. Al principio se creía que la fotografía se limitaba a reproducir la realidad tal como es. Pero pronto se descubrió que la mirada personal es capaz de capturar aquello que se inscribe en el plano documental de una manera tan subjetiva como poética.

(Foto: Juan Vaz Duarte)

Es el caso de la obra “Diario de Buenos Aires”, del fotógrafo Juan Vaz Duarte, que registró en imágenes a la ciudad más misteriosa y ecléctica del Plata.

En un recorrido por las calles porteñas descubrió lo más íntimo de sus escenarios, encontrándolas por sorpresa, las registró cada día con sus múltiples facetas, al desnudo y anfitrionas de la luz elegida. Descubrió escenarios pictóricos, cinematográficos y documentales en partes iguales. Para luego plasmarlas en un libro.

“Todo lo que sucede en la calle me interesa, me produce una gran atracción y curiosidad. Cada barrio es una gran pantalla en donde se proyectan todos los días diferentes películas sobre las mismas escenografías”, cuenta el fotógrafo. Influenciado por otras ciudades, la encontró siempre desprolija. “Y de a poco la empecé a mirar de otra manera, me enamoré de sus contrastes”, agrega.

Así es como descubrió el eclecticismo de sus múltiples estilos y tendencias. Un mismo escenario en el que conviven estilos como el art nouveau, el neo clásico y el art déco con bajorrelieves, esculturas talladas por anónimos ilustres en los balcones en convivencia con el modernismo.

(Foto: Juan Vaz Duarte)

Sus imágenes urbanas entrañan un acto de redención hacia el patrimonio cultural. “Porque en cierta manera, lo que se retrata ha sido ‘salvado’ del olvido. Si una mirada atenta ve todos los acontecimientos de forma instantánea, fuera del tiempo, la fotografía se convierte en profesa de la memoria. Porque todo lo que el arte tiene de documental no es azaroso. Cada imagen cuenta una historia”, explica.

En esa mirada resuelta entre la del caminante y el fotógrafo, refleja la pasión por vivir en una capital única en Latinoamérica, escenario de un patrimonio arquitectónico privilegiado. Y define a Buenos Aires como un collage iluminado por una luz única, una “bella descuidada”. Así es como creó una historia en imágenes que cruza el arte y el testimonio.

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